6 de julio de 2023

Los modelos de Familia

Tradicionalmente el concepto de familia se ha visto reducido al padre, la madre, hijos y abuelos y, a su vez, todos ellos unidos por un vínculo legal la mayoría de las veces religioso que se mantiene durante toda una generación y que, se "entiende", debe perpetuar ese modelo en los hijos.

Sin embargo, este enfoque es reduccionista, poco enriquecedor y da la espalda a la realidad, dejando a muchas verdaderas familias fuera de esta definición y condicionando a sus miembros que muchas veces no se sienten libres para hablar de su forma de organización y se sienten señalados y etiquetados como familias desestructuradas.

Afortunadamente tanto la psicología en primer lugar, como estudiosos del comportamiento humano y de la realidad del mismo, como la política que se ve empujada a regular la realidad social que debe gestionar aunque lo haga de forma insuficiente, llevan años recorriendo un importante camino.

Lo cierto es que 2 de cada 3 matrimonios terminan en divorcio, 4 de cada 10 niños nacen en parejas no casadas y hay un 14 % de parejas de hecho.

¿Podemos entonces decir que lo normal es una familia entendida al modo tradicional? Yo diría que no.

¿Necesariamente estas familias o más bien, sus miembros, deben tener más problemas de desarrollo que las familias "tradicionaes? ¿Es cierto que los miembros de la familia "no tradicional" no desarrollarán toda su potencialidad precisamente por no pertenecer a ese reducidísimo y selecto grupo? No, no es cierto y los datos reflejan justamente lo contrario.

Los estudios demuestran que no se trata de cual es la estructura en la que toma forma la familia, ni tampoco de cual pueda ser su evolución a lo largo del tiempo, sino como se relacionan sus miembros entre sí y como gestionan sus afectos y, también, sus conflictos.

Así, existen familias "tradicionales" con un comportamiento que provoca serios problemas a sus miembros, que además arrastrarán durante el resto de su vida y a todas las facetas de la misma, y familias "no tradicionales" que permiten un desarrollo emocional, social y profesional total y plenamente satisfactorio a sus miembros.

Así, la conclusión debe ser que no existe un modelo de familia ideal sino comportamientos de familia idóneos.

Pero es precisamente a ese ostracismo al que se condena a los modelos no tradicionales lo que más dificulta las transiciones y los procesos de adaptación que toda familia, incluida la tradicional, pasan a lo largo de la vida. Necesitan referencias y saber que existen formas de autoregulación que exceden, y superan, la intervención de los tribunales que por otra parte, y aunque con adaptaciones, están enfocadas a la familia tradicional y al conflicto puro.

Hay muchas parejas con hijos que suman a sus nuevas parejas a la familia, nuevas parejas que a su vez aportan al núcleo a sus propios hijos, ex parejas que no quieren liquidar y adjudicar todo el patrimonio adquirido y prefieren un aprovechamiento común de determinados bienes, abuelos que quieren continuar ejerciendo y que pueden integrarse en la nueva organización familiar tras la ruptura de la pareja sin necesidad de entrar en las cuitas de sus hijos y así podríamos seguir en un sin fin de ejemplos.

Sólo los integrantes de cada familia conocen cuáles son sus necesidades, sus preocupaciones, sus dificultades y sus deseos. Sólo ellos pueden diseñar una solución que tenga todos esos condicionantes en cuenta. Ni el mejor juez del mundo podrá diseñar la forma de relación que ellos necesitan.

Es verdad que lo anterior implica diálogo y que este a veces es complicado, aun cuando existe una buena relación (muchas veces esa buena relación se mantiene en base a renuncias recíprocas que mantienen a sus miembros en una paz aparente y en una resignación insana) pero es falso que ese diálogo sea imposible y que no merezca la pena.

El diálogo siempre es constructivo si se canaliza de forma adecuada, si se tienen criterios objetivos a los que remitirse, si se confía en el poder de la familia entendido en el sentido real y actual de la palabra y de la PERSONA.

Por ello es fundamental es elegir un profesional que sea capaz de encauzar el diálogo y darle la forma jurídica adecuada y sostenible en el tiempo, una vez conocidas cuáles son las circunstancias particulares de cada familia.

Blanca Iturmendi Álvarez

Abogada y Mediadora

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BIA

Blanca Iturmendi Abogados
Despacho de abogados en Madrid
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